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Fr. Wilson Cuevas ( Vida del Espiritu )

¡La fe que ilumina todo!

El Papa Benedicto XVI, declaró el Año de la Fe, de octubre 11, 2012 a noviembre 24, 2013, con motivo del 50 Aniversario de la preparación del Concilio Vaticano II. Este es tiempo de preparación para avivar nuestra fe en Jesucristo Resucitado. La Diócesis y las Parroquias, seguramente darán a conocer a sus feligreses, programas y celebraciones que se realizarán en el Año de la Fe.

Hay una anécdota muy simpática de Enrique Fabre, entomólogo, francés de fama mundial, el hombre que más sabía de insectos, “el observador incomparable” en expresión de Darwin… El día que cumplió ochenta y siete años de edad, en 1910, le hicieron un homenaje, en ese día alguien le preguntó, ¿Usted, cree en Dios? No, respondió con su ingenio juguetón. “No creo en Dios. Lo “veo” en todas partes.

Se ha dicho que “la mucha ciencia acerca a Dios y la poca ciencia aleja de Él”. Poca ciencia junto con la soberbia de creer que se sabe todo, aleja de Dios. La verdadera ciencia es el conocimiento del universo. Y el universo es obra, creación de Dios. No puede haber contradicción entre lo que Dios dice y lo que Dios hace. El conocimiento de lo que Dios ha hecho, es ciencia; no se puede contradecir lo que Dios ha dicho, es fe. En consecuencia si vemos oposición entre ciencia y fe, o es falsa nuestra ciencia o es errónea nuestra fe.

Un mundo sin fe es un mundo sin esperanza. Hoy tenemos muchos motivos para entristecernos al constatar tanto dolor y tanta injusticia. Pero también hoy, más que nunca, hay grandes motivos de esperanza. Millones de niños, jóvenes y adultos, experimentan a Cristo vivo, que les sale al encuentro y se convierte para ellos en amigo, hermano y un Dios cercano que les devuelve la esperanza y la liberación no solo del pecado y del mal, sino también de todo tipo de miedos y la alegría de servir y vivir como Jesús. Hoy más que nunca necesitamos encontrarnos con Jesús. Encontrarlo de una manera personal, nueva y convencida. Nadie está obligado a creer, es un acto libre. La luz de la fe es el único faro capaz de dar sentido a cada paso de nuestra existencia. El que carece de esa luz camina sin rumbo.

Podemos decir que la tragedia más grande para muchos hoy es buscar la felicidad y la plenitud por caminos equivocados. La libertad es de las cosas más buscadas y deseadas por todos y la mayoría de las veces la menos encontrada. Podemos hacer lo que nos parece y agrada, pero sabemos que en vez de ser libres, caemos en situaciones que nos esclavizan y nos frustran. La clave de este enigma es la palabra más breve que el hombre pueda pronunciar: “FE”. Donde hay fe, hay libertad. La fe nos ayuda a ser libres, porque nos da la libertad interior, la libertad más profunda.

Dios nos da la existencia por amor y libremente. Nada le obliga a crearnos. Lo hace libremente. Es un amor que es don y que no es necesidad. Por eso el hombre es libre en su actuar. Y en la medida que actúa unido a Dios es más libre.

Fito, es un joven de 23 años, que antes de recibir a Cristo en su vida, afrontó muchos problemas. Sus padres se separaron cuando apenas iba a cumplir los diez años. Esta situación lo afectó gravemente. Su vida giraba en torno a discusiones con su mamá por mucho tiempo, porque no se encontraba a gusto con las cosas que estaba viviendo. Se sentía triste, deprimido y sin ganas de estudiar ni de hacer nada.

Un buen día un amigo le comentó que iba de fin de semana a un Retiro de Evangelización para jóvenes y lo invitó. Estar todo un fin de semana rezando y escuchando cosas de religión, no era algo divertido para una persona joven como él. Su respuesta fue, no. Pero esa noche estuvo pensando un largo rato, si valdría la pena tener esa experiencia y finalmente se decidió a ir. En el retiro, tuvieron un taller en que tenían que escribir una carta a Dios acerca de sus problemas y de sus preocupaciones. En ese fin de semana, reconoció que Dios siempre lo había estado esperando y que Dios lo amaba. Había estado muy “ciego” para no haber visto ni su cercanía ni su amor. Había escuchado hablar de Cristo en clases de Primera Comunión. Pero Cristo nunca fue algo importante para él. Los problemas que él vivió antes de recibir a Cristo, endurecieron su entendimiento y su corazón. Cuando acogió a Cristo en su vida empezó a cambiar. Se incorporó a una pequeña comunidad. Su vida siguió cambiando para bien. “Desde entonces he sentido siempre la ayuda de Cristo. Él, jamás me ha dejado solo”.

Antes de conocer a Cristo, él era una persona bastante negativa, egoísta y violenta. Ahora está orgulloso de haber conocido a Cristo. Quisiera gritarle al mundo que lo ama y que se siente muy feliz y que ahora todo lo ve y piensa distinto. No hay día de su vida que no lea, hable o haga algunas cosas por amor a Jesús.

Un día Jesús mandó a sus discípulos a dar testimonio de su fe, a anunciar lo que habían visto, oído y vivido. (I Jn. 1, 1-4). Él está vivo, viene a nuestro encuentro para transformar nuestras luchas y enseñarnos una nueva actitud para vivir, pensar y actuar. Reconócelo en el camino diario de tu vida y acéptalo como tu mejor amigo y verás cómo se ilumina y cambia tu vida. ¡Ánimo!